24/5/09

ARTÍCULO DE ALFREDO AMESTOY

Domingo, 21 de enero de 2000 - Número 275

DESPEDIDA | EL GRAN HISPANISTA

Don Geraldo, uno de los nuestros
EL PERIODISTA Alfredo Amestoy, que convivió muchas jornadas con Gerald Brenan, traza el epitafio del hispanista más grande, cuya última voluntad ha sido incumplida: su cadáver no ha sido utilizado en prácticas de Anatomía

ALFREDO AMESTOY
Quizás la última imagen del cadáver de Brenan, fotografiado el jueves por la noche horas antes de ser incinerado.
Ayer, al atardecer, con la inhumación de las cenizas de Gerald Brenan en el cementerio inglés de Málaga, se ha producido un acto de xenofilia. La tierra española, traída de los pueblos andaluces donde vivió el genial hispanista, mezclada con la del suelo británico donde van a reposar sus restos, es la expresión más gráfica de la identificación tan grande a que puede llegar una persona y un país extraño, ajeno, y mucho, al suyo. Un país al que llegó para mejorar su formación intelectual, para empaparse de conocimiento.
En presencia de su nieto Stephane, hijo de Miranda, la niña nacida en Granada en 1931, fruto de su relación con una muchacha alpujarreña, y a medio metro de donde descansan desde 1968 los restos de su esposa legítima, la americana Gamel Woolsey, se cumplía el deseo de Brenan de ser enterrado en España, la tierra que tanto amó Y tan acertadamente diseccionó.
Reducido tras la incineración de su cadáver a los tres kilos con que nació hace 107 años en la base naval británica de Sliema, en la isla mediterránea de Malta, Brenan, el hispanista inglés más célebre de todos los tiempos, según el también hispanista Ian Gibson, terminaba su larga vida y su «larga muerte».
Larga ya que a su extensa e intensa biografía de 93 años hay que añadir su tanatografía de 14 años más, el tiempo en que su cuerpo ha permanecido conservado en una tina de formol, agua y glicerina, tras el proceso de inyección por carótida de 12 litros de líquido al que le sometió el Doctor Smith Agreda, poco después de fallecer el escritor en Alhaurín el Grande el 19 de enero de 1987.
Ha querido el azar que sea nieto de ingleses este aragonés, catedrático de Anatomía en la Facultad de Medicina de Málaga. El profesor Smith, que fue quien atendió personalmente a Brenan cuando se presentó en la Facultad para firmar la donación de su cuerpo a la ciencia, ha logrado una conservación tan perfecta que la máscara funeraria que ha obtenido de su rostro el escultor cordobés Antonio Bautista Durán, hace dos meses, parece que se hubiese realizado a los pocos minutos de fallecer el retratado.
Produce igual impresión la prodigiosa réplica de la mano derecha del escritor, la artífice material de medio centenar de libros, de millares de páginas de su diario y de millones de palabras que componen su correspondencia. Solamente las cartas de amor que dirigió a Dora Carrington y que se guardan en la Universidad de Texas (Estados Unidos), suman alrededor de 400.000 palabras.
¡No se quejarán los estudiosos de la obra del hispanista inglés de la calidad ni de la cantidad de los textos que nos ha dejado! Generoso en vida y también pródigo en su muerte. Nadie como Brenan ha sido capaz de donar a sus lectores algo tan íntimo como la correspondecia con Dora. Cartas donde se ve al hombre y sus pasiones: <<En un principio esperaba, ¿sabes?, convertir mis sentimientos hacia ti en algo más tranquilo y apacible. Había imaginado una especie de amor platónico. Si no pensara así no debería haber ido a la región de los Lagos para verte. Pero era un espejismo, como lo comprendí casi desde la primera noche, porque cuando estás conmigo todo lo demás se me va de la cabeza y soy como una persona que se ahoga sin oponer resistencia>>.
De su corazón a su cabeza. Investigar en el cerebro de Brenan, ya que el profesor Smith renunció pronto a utilizar su cadáver en prácticas de disección, ha sido una tentación del catedrático de Anatomía. Pero, sospecho, que también en este aspecto ha primado el respeto que sin duda inspira y merece Brenan.
José María Smith no quiere presumir de conciencia escrupulosa o de gran sensibilidad cuando explica por qué no ha hecho uso del legado que le hizo Brenan de su cuerpo.
«Dejé pasar el tiempo a la espera de que se olvidara, en todos los ámbitos, incluida la Facultad de Medicina, que disponíamos del cadáver de Gerald Brenan. Pero no ha sido así y confieso que la expectación porque llegara el día de tener el cuerpo del autor de El Laberinto Español en la mesa de disección desaconsejaba esa experiencia. No era ni docente ni decente».
Así lo ha entendido todo el mundo que ha agradecido no favorecer la curiosidad morbosa que despertó la presencia del cadáver de Brenan en los sótanos de la Facultad. Un fotógrafo (que luego ha debido comparecer en los tribunales por su sacrílega acción) rompió una ventana para acceder a la cámara donde permanecía el cuerpo de Brenan, convertido en materia tan noticiosa como el también inglés, también en flotación y también conflictivo submarino «Tireless».
Otra razón poderosa para no utilizar el cuerpo de Gerald Brenan en la mesa de disección ha sido la abundancia de cadáveres con que cuenta la Facultad de Medicina de Málaga que disfruta de las donaciones, cada día más frecuentes, de los también cada vez más frecuentes residentes extranjeros en la Costa del Sol, menos escrupulosos que los españoles en eso de reposar en paz a la espera de la otra vida.

CADÁVER INTOCABLE
«Estos ancianos», explica el doctor Smith, «son generosos no sólo con la Universidad sino con sus herederos, a los que liberan así de los cuantiosos gastos que supone el traslado de los restos a sus países y el enterramiento o la incineración...».
Cierto, y cierto también al parecer que para las prácticas de Anatomía, no importa la «edad del cadáver». Según el profesor Smith, «envejecemos mucho más por fuera que por dentro».
A pesar de lo declarado por el responsable de la cátedra de Anatomía a finales del año pasado: «Quizás se le puedan extraer muestras del sistema nervioso central, ya que (Brenan) es un hombre que vivió bastante tiempo y parece que le funcionaban bien las neuronas», el profesor Smith puede ser que no lo haya hecho. A nuestras preguntas concretas sobre el particular respondió con evasivas. Sólo él lo sabe. De cualquier modo, quedará constancia y testimonio del ejemplar gesto de Gerald Brenan al donar su cuerpo, ya que su nombre, su efigie, su firma y sus datos biográficos campean junto a la sentencia en latín Hic locus est ubi mors vitam docet («Este es el lugar donde la muerte enseña vida») y la leyenda «Profesores y alumnos agradecidos a todos los que donan su cuerpo para la docencia e investigación». Universidad de Málaga. Facultad de Medicina.
Creemos que se ha cumplido con creces la voluntad de Gerald Brenan. Y con la ceremonia de descubrimiento de esta placa en la Facultad de Medicina, la incineración del cadáver y la inhumación de las cenizas, ayer se dio satisfacción al hispanista, a su familia y a sus amigos y admiradores: está enterrado en un cementerio inglés, pero abrigado por la tierra de los lugares de España que más amó. Junto a la sepultura de Gamel, su esposa, que si no fue la mujer que más amó, (ésta sin duda fue Dora Carrington, tortuosa relación con la mujer de uno de sus mejores amigos), fue «la mujer de su vida». Y si el propio Brenan escogió para su epitafio el primer verso de la canción de Cimbelino «No temas ya el calor del sol», su continuación, el segundo verso, que dice «...Ni las cóleras furiosas del invierno», podría ser el epitafio que figurase en la lápida de Brenan.

http://www.elmundo.es/cronica/2001/CR275/CR275-12.html



Brenan, memoria personal de España

Con la aparición de El señor del castillo -la primera de una serie de obras inéditas que publicará la editorial Alfama-, el hispanista Gerald Brenan vuelve a estar de actualidad. Pasados ya 22 años desde su muerte, cabe preguntarse por la vigencia de su obra y sobre la relación que mantuvo con España, lugar donde se forjó como escritor.


 

A Gerald Brenan puede considerársele como uno de los grandes exponentes de un género literario popularizado por los escritores románticos: especular sobre un país ajeno. Al escritor foráneo se le otorga un punto de vista más válido y objetivo, puesto que se asume que no está involucrado emocionalmente con el país sobre el que escribe. España ha sido uno de los epicentros inspiradores de esta corriente literaria. Los dos grandes ejemplos procedentes del Reino Unido son Richard Ford y George Borrow, y de Estados Unidos, Ernest Hemingway. Todos son interesantes, pero fueron meros observadores, presenciaron los acontecimientos desde la barrera.

Por el contrario, Brenan no se limitó a la mera observación, su acercamiento fue más arriesgado e intuitivo, y a juzgar por el respeto que se ganó entre los españoles, no del todo equivocado.

Sin embargo, esa relación tan especial con España comenzó años antes de pisar suelo español. "Cualquiera que se plantee como modo de vida el ideal de 'todo o nada', está siguiendo, sea o no consciente de ello, un camino que discurre paralelo al trazado por los santos". Estas palabras escritas por Gerald Brenan con apenas 18 años están recogidas en el primer volumen de su autobiografía, Una vida propia. Embebido por sus lecturas obsesivas de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, Brenan se había creado la imagen de un país, España, dentro de sí mismo, mucho antes de visitarlo.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Brenan/memoria/personal/Espana/elpepiopi/20090523elpepiopi_11/Tes