12/5/09

Introducción al Señor del Castillo

A Gerald Brenan, autor de obras tan capitales para entender la España contemporánea como son Al sur de Granada, La faz de España o El laberinto español, suele considerársele uno de los hispanistas más importantes y originales del siglo XX. Pero Brenan no es sólo el etnógrafo, el viajero o el historiador, sino que también es un escritor original y de enjundia. Aparte de los innumerables papeles que el propio autor vendió al centro de documentación Harry Ransom Research Center (en Austin, Texas), y a pesar de la afición a la quema de papeles privados que desarrolló con verdadero ahínco al final de su vida, han sobrevivido una serie de escritos, poemas y epistolarios, depositados en el Archivo Español de Gerald Brenan (AEGB), y hasta ahora rigurosamente inéditos, que finalmente verán la luz gracias a la iniciativa de la editorial Alfama. Entre ellos destacan dos obras emblemáticas, quizá de los testimonios más íntimos que acerca de sí mismo escribió Gerald Brenan a lo largo de su vida: El señor del Castillo y Él. Secuencia de pensamientos autobiográficos. Aunque escritos en periodos vitales distantes y pertenecientes a géneros literarios tan completamente distintos como son la alegoría dramática de fuerte coloración lírica y la condensación quintaesenciada del aforismo, estos dos textos ―que ven la luz por vez primera en este volumen― constituyen dos puntos de inflexión conexos y fundamentales en su trayectoria literaria y vital. Son dos obras que se contraponen y se complementan, y que podrían concebirse como un principio, El señor del castillo, y un final, Él.

II.

Aparte de la alusión a Las moradas interiores de Teresa de Jesús, cuya biografía empezó a escribir Brenan, aunque nunca la concluyó, la imagen del castillo es, sin duda, una clave importante y fundamental en su vida y obra. Como señala Jonathan Gathorne-Hardy en su biografía de Gerald Brenan El castillo interior (Norton, 1992; hay traducción española en El Aleph, 2003), a causa de sus vivencias infantiles en relación con su familia y, en especial, con el colegio, Brenan se retiró a lo más profundo de sí mismo, a un «castillo interior», donde estuvo muchos años refugiado. Ansiaba escribir, pero le daba miedo mostrarse, exponerse. El señor del castillo es el trasunto simbólico de esa lucha interior provocada por sus circunstancias vitales, y es reflejo de su peculiar relación con la literatura, en especial la poesía.

III.

Escrito en 1974, al socaire de la vejez, Él subtitulado Una secuencia de pensamientos autobiográficos, es parte fundamental de los documentos extraídos del «castillo interior» donde halló refugio Gerald Brenan durante gran parte su vida. En estos aforismos, escritos a última hora, a los ochenta años, de vuelta de todo, Brenan hace un balance crítico, honesto y sincero, de toda una vida intensa en lo literario y en lo personal. «En la literatura me siento más lector que escritor, como si fuera un espejo en el que los grandes poetas y artistas del pasado han proyectado su imagen, sin las cuales ni yo ni otros como yo podríamos existir », dijo Brenan a V. S Pritchett en una carta escrita en 1971. Esos pensamientos plasmados en tercera persona para reforzar seguramente el distanciamiento y la objetividad, concebidos como un testimonio a tumba abierta sobre la literatura, la nostalgia y el acercamiento a la muerte, no fueron fáciles de extraer del castillo, una fortaleza bien custodiada y por momentos inexpugnable.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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