6/8/07

GERALD BRENAN SURCA EL LABERINTO ESPAÑOL

En julio de 1936, Gerald Brenan vivía con su esposa Gamel Woolsey en Churriana, un pueblo al oeste de Málaga, donde fueron testigos directos de las primeras sacudidas de la Guerra Civil Española. Presenciaron el alzamiento anarquista y luego los primeros bombardeos por parte de la aviación Nacional. Gerald y Gamel fueron de los últimos extranjeros en abandonar Málaga cuando la situación se hizo insostenible.

Tras su retorno a Inglaterra, Gerald Brenan, horrorizado y destrozado emocionalmente con lo que había presenciado, quiso entender las causas de la barbarie, de la virulencia y del odio encolerizado entre los dos bandos. Desde la distancia e inspirado por el dolor comenzó una terapia particular, escribir un libro que explicara, analizando los antecedentes sociales y políticos, las causas que desembocaron en la Guerra Civil Española. El laberinto español es la primera gran obra de Brenan, el comienzo de su época más creativa. España y su Guerra Civil eclosionaron su carrera de escritor.

El Laberinto español, producto de cinco años de trabajo obsesivo, obtuvo un éxito inmediato, pero también encumbró a su autor, con un solo libro, hasta ser considerado uno de los grandes historiadores sobre España, en una época en la que existían muy pocos libros que trataran el conflicto español. Pero la escritura del libro ya había comenzado a fraguarse cuando Brenan llegó a España en 1919 y se instaló en Yegen acompañado de una biblioteca de dos mil libros, muchos de ellos de historia. Además, en la Inglaterra de 1942, la Guerra Civil Española seguía estando de actualidad, pues era entendida como la antesala de la Segunda Guerra Mundial y, al mismo tiempo, numerosos españoles, no sólo los perdedores, querían esclarecer las causas de una confrontación que desembocó en una dictadura militar de más de cuarenta años.

Aunque Gerald Brenan trazó el laberinto ciñéndose al período comprendido entre la Restauración de 1874 y el alzamiento militar de 1936, en numerosas ocasiones lleva sus indagaciones hasta periodos tan lejanos como la época romana o la Edad Media. Como un historiador de fuste muestra una gran capacidad para trabar los diferentes períodos históricos, comprendiendo un espectro amplio y complejo, en ocasiones con abundantes generalizaciones, pero siempre de manera firme, aportando datos y argumentaciones relativos a aspectos históricos, económicos o filosóficos. Al no ser un historiador al uso, Brenan no descarta la utilización de otras fuentes y disciplinas en su análisis, filosofía, geología, geografía o incluso la climatología. Todo forma parte esencial de un esbozo general serio y minucioso.

El laberinto es un libro para lectores, expertos o aficionados, en el que el inmenso pasado español se nos manifiesta rehecho e interpretado por el autor. Según Gómez Oliver, «el propio Brenan se coloca en el centro del laberinto.» Además, todo aderezado con un estilo literario inconfundible de frases breves y concisas, agudas y, en ocasiones, demoledoras. Es un libro sumamente personal, rico en matices y conocimientos, cimentado sobre largos años dedicados a la lectura, el análisis y la observación. Brenan mezcla el rigor del dato con el aforismo y la intuición, condimentado todo con alocadas analogías entre la historia de España e Inglaterra y desternillantes retratos psicológicos de los personajes históricos. Por ejemplo, es muy crítico con Largo Caballero o Alfonso XIII.

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El historiador Gabriel Jackson define esta obra como, «excepcional por entretejer con un relato histórico una interpretación coherente y personal.» Brenan sigue una construcción lógica de los argumentos, a un período histórico distinguido por la confusión le pone algo de orden. España estaba inmersa desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX en una gran crisis espiritual caracterizada por la decadencia del culto religioso, el pueblo se alejaba de las iglesias, la fe que había sido el sostén del imperio se estaba deshaciendo. Era una época de cambios, las viejas estructuras se tambaleaban, y como reacción aparecieron los movimientos socialistas y anarco-sindicalistas, y en contraposición a estos, el renacer del Carlismo, o la aparición del falangismo.

Gerald Brenan fue pionero al prestarle una atención preferente al anarquismo, pues tuvo acceso gracias a Arthur Lehning a documentación anarquista del Instituto Internacional de Historia Social. Analiza este movimiento con brillantez, pues se identifica con sus ideales, muy cercanos a los que esgrimía en su juventud. El carácter rebelde de Brenan y su propio pasado convergen para interpretar la historia. Durante su estancia en España tuvo relación con los anarquistas de los pueblos de Andalucía. Eran hombres pobres e idealistas que viajaban a pie y dormían en los caminos, además, poseían un carácter ascético, un fervor casi religioso muy cercano a la mística española de san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús.

Gerald Brenan fue durante toda su vida un gran observador. De sus experiencias en Yegen, nos brinda otro de los argumentos fundamentales para buscar la salida del laberinto. España es un país formado por acentuados patriotismos locales, “la patria chica”, algo que ya advirtiera Richard Ford tras sus aventuras españolas en el siglo XIX. Brenan descubre que la vida del pueblo forma un núcleo cerrado y a los habitantes les importa bien poco lo que ocurra en los pueblos de alrededor con los que apenas tienen contacto. Este aislamiento es acrecentado, entre otros, por factores geográficos.

Brenan es un precursor al introducir el análisis de las características geográficas como una de las causantes del problema agrario y de la división territorial, la pugna eterna entre “centralistas” y “regionalistas”, entre la Castilla de la Mesta, formada por pastores y guerreros, y la periferia poblada por agricultores. Por tanto, no se debe de dejar de lado la cuestión económica, que es trasversal a toda la obra. España era capaz de autoabastecerse de los productos básicos, pero el gran problema era el reparto injusto de la tierra y una desastrosa distribución de productos y de la riqueza. Esto es una carga demasiado pesada para un país erigido sobre una economía agraria sin burguesía emprendedora y caracterizada por la miseria de los jornaleros. España no conseguía iniciar un desarrollo económico consistente, por la pobreza de la tierra en muchas regiones, por la carencia de medios técnicos y los salarios míseros, lo que causaba una hambruna generalizada. Eran las condiciones apropiadas para que estallara una revolución.

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España no podía estar unida geográficamente, había que buscar en el terreno emotivo un nexo de unión que acabara con las disputas tribales. Ese misterioso mecanismo había aparecido a lo largo de la historia sólo en momentos de pasión enfurecida como la expulsión de los moriscos en el siglo XV o la Guerra de la Independencia contra los franceses en el siglo XIX. Según Brenan, los españoles para vivir como desean tienen que librarse de un adversario. Esto mismo sucedió en la Guerra Civil, donde se anteponen dos formas de entender España, la derecha y la izquierda, una contra otra. Brenan nos retrata psicológicamente: «España es prodiga en hombres que creen ellos solos ser capaces de alumbrar el manantial puro de las tradiciones nacionales y proyectarlo hacia el futuro. Todos los que no estén de acuerdo con ellos son necesariamente perversos y, en consecuencia, han de ser aplastados.»

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Es curiosa la repercusión de El laberinto español en nuestro país. Es considerado un clásico de la historiografía, incluso se ha reverenciado a Brenan como un teórico del socialismo y, aunque, es cierto que mostraba cierta simpatía por este movimiento, nunca fue un militante y mantuvo su independencia, es más, fue un acérrimo enemigo del comunismo marxista. Las conclusiones que extrae Brenan de su libro son demoledoras, «Lo que realmente había escrito era una acusación de las ilusiones de la izquierda y de los disparates que cometió, a pesar de simpatizar yo en líneas generales con su proyecto.» Tampoco salen bien parados otros estamentos como la Iglesia, la monarquía o el ejército. El libro de Brenan es en el fondo una denuncia, una acusación feroz y directa, aunque sutil, contra todo el pueblo español que es incapaz de convivir en su diversidad sin autodestruirse.

El laberinto español, entre sus múltiples interpretaciones, puede ser entendido como un capítulo de la propia autobiografía de Gerald Brenan o las anheladas respuestas a las causas de la Guerra Civil Española, un acontecimiento que le había dejado maltrecho emocionalmente. Durante el proceso de elaboración del libro, descubrió aspectos desconocidos de España, pero también de sí mismo. Gerald Brenan fue durante el siglo XX el gran difusor de lo español, un “curioso impertinente” al que los asuntos españoles le hicieron el gran escritor que fue. Brenan vivió tres guerras, pero la Guerra Civil Española y el dolor propulsaron su nacimiento intelectual.

Fragmento de un artículo de Carlos Pranger que espera publicación en el periódico Ideal de Granada.