14/5/07

BRENAN Y HEMINGWAY: Dos visiones de España.

Era previsible que dos personalidades como la de Brenan y Hemingway no congeniaran, si se atiende aquella paradoja de Oscar Wilde de que los ingleses y los americanos tienen muchas cosas en común excepto el idioma.

Estos autores representan dos acercamientos diferentes a España, pero coincidentes en una cosa: la fascinación por un país y sus gentes. En el caso de Brenan la estancia entre los alpujarreños le permitirá conocer la España de los años 20, la vida de un pueblo pequeño, los detalles de la agricultura, la existencia de latifundios. Tiempo para conocer el amor con una muchacha, Juliana, como pudo comprobar quien haya visto la película sobre este período de Fernando Colomo que también título Al sur de Granada. Tiempo para leer, para ir encontrando su identidad, para profundizar en el conocimiento de todos nosotros llegando a ser un hispanista de reconocido prestigio. Época en la que recibirá la visita de algunos miembros del grupo de Bloomsbury como Virginia Woolf y su marido Leonard, además de su acompañante Lytton Strachey y su admiradora la pintora Dora Carrington, de quien Gerald está perdidamente enamorado. Brenan no es indiferente a un grupo de intelectuales que revolucionará el pensamiento inglés del siglo XX.

En esta misma década de los años 20, en concreto en año 1923 se encontraba el joven Hemingway buscando algún tema literario que transmitiera un verdadero sentimiento de admiración a los lectores, cuando su interlocutor, el pinto Mike Strater, le habló del espectáculo de una corrida de toros que él había presenciado en España. Tema este sobre el que con el tiempo Picasso y Gertrude Stein despertarán aún más curiosidad, en especial esta última sobre los Sanfermines de Pamplona. Pocos meses después, ya en París, Strater le dibujó en el reverso de un menú un mapa de España con cruces indicadoras de dónde se encontraban Madrid, Sevilla, Granada y Ronda. Para un hombre de acción como siempre fue Ernesto la tentación estaba servida: de inmediato apareció por Andalucía en busca del romántico Sur. El lugar que más le gustó fue Ronda, seguramente porque ofrecía la quintaesencia de lo que andaba buscando: una pequeña ciudad en la montaña con una plaza de toros antigua y una escenografía romántica sin igual. Sus biógrafos Baker y Lynn lo dejan claro: "A Hemingway Ronda le pareció la ciudad más hermosa de España". Más tarde escribirá en Muerte en la tarde que era además el emplazamiento ideal para refugiarte con tu amante.

El esperado encuentro entre Brenan y Hemingway se produjo en el año 1959. Brenan y Gamel habían regresado a su hogar de Churriana en 1953, el mismo año del regreso de Hemingway. De forma que seis años después al novelista le propondrá la revista LIFE hacer un reportaje sobre la situación del toreo en el momento que además podría ser una puesta apunto e de su Muerte en la tarde que ya podía estar algo anticuado. La oportunidad de cara al público americano era por supuesto el 'mano a mano' que Dominguín y Ordóñez iban a mantener ese verano, verano que Hem. bautizaría como el 'verano peligroso'. A los Hemingway les invitará su amigo americano Bill Davis, antiguo amigo suyo al que había conocido en México. Los Davis habían comprado La Cónsula en 1953 y pusieron su casa al servicio del escritor, lugar ideal para hacer base en Andalucía habida cuenta que era conveniente disponer de un lugar base en un verano que se anunciaba ajetreado, pues no olvidemos que la idea del novelista es seguir la temporada taurina de su amigo Ordóñez.

Brenan y Hemingway no podían estar en dos mundos más divergentes. Al americano le interesaban esencialmente los toros y a Brenan no había otra cosa que le interesase menos. Con estas premisas tuvo lugar el primer encuentro en casa de los Davis pues Ernesto había mostrado interés por conocer al autor de El laberinto español, una obra que había merecido comentarios favorables por parte del novelista. En una carta a Edmund Wilson le escribe: "Si quieres aprender español un buen comienzo sería el libro de G. Brenan Historia de la Literatura Española. Su otro libro El laberinto es el mejor sobre la política española que conozco [estamos en 1952]. Tres años después escribiendo a Wallace Meyer a quien le recomienda The People of the Sierra de Pitts-Rivers que "sigue la tradición del de G.B. El laberinto que escribió ese libro espléndido que me regaló Rupert Belleville, un expiloto". Con toda esta presentación no es raro que Hem. quisiera conocerlo.

El primero de los dos encuentros tendrá lugar en la casa de los Davis. La impresión relatada por Brenan en sus Memorias: "Me resulta difícil describirle porque no se parecía a ninguna de las personas que he tratado. A primera vista hacía pensar en uno de esos marineros famosos de otras épocas que han pasado las mejores épocas de su vida en el Ártico. (....)". De alguna forma Brenan se siente un poco intimidado por el americano: "Creo que era la fortaleza física, el tener el cuerpo hecho para la acción, lo que le daba la confianza en sí mismo más que su fama de escritor". En la conversación Gerald le preguntará la razón por la que había venido a Espña y Hem. sin dudarlo le espetó que fue porque le gustaban las guerras. En la conversación el americano quería aparentar más como un deportista que como un artista y desde luego no le gustaba nada hablar de literatura. Era ―así lo expresa el inglés― como si desease ocultar su lado sensible.

Lo que parecía evidente era que entre los dos personas no había demasaida química: "Aunque mi actitud hacia mi era amistosa, descubrí que me sentía incapaz de comunicar con él. Su personalidad.....me abrumaba". A pesar de todo y teniendo en cuenta que sólo hubo un par de encuentros, Brenan analiza con gran perspicacia la personalidad del novelista: "...Se había creado una máscara, llegando con el paso del tiempo a identificarse con ella". Opinión que secundará el psiquiatra Yalom en su estudio sobre el autor de Fiesta: "Hem.., con su cuidada figura de aventurero intrépido, intentó conjurar su miedo a tener miedo. Se tiranizó a sí mismo. Se tiranizó a sí mismo para liberarse de un sentimiento de menosprecio que acabó por sumirle en una depresión de la que no se salvó....".

Fragmento de la conferencia presentada por Andrés Arenas en el Congreso sobre la Historia de Churriana 2007.



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