23/1/07

PRÓLOGO PARA EL LIBRO "AL SUR DE GRANADA 1919-2005, PRIMERAS JORNADAS SOBRE GERALD BRENAN"


Llegué a Yegen poco después de la media noche. Habían pasado cinco años desde mi marcha. La casa, los muebles, los libros estaban todos ahí tal como los recordaba, pero había algo extraño y es el hecho de que yo había cambiado. (Diario sobre Dora Carrington. Gerald Brenan, abril de 1929)


Hace tres años, Antonio José López y yo tuvimos una reunión en la Diputación de Málaga. En una de sus laberínticas salas de espera surgió la idea de unas jornadas dedicadas al análisis y estudio de la obra del escritor Gerald Brenan, puesto que pronto se cumplirían veinte años de la reedición de muchas de sus obras, como el Laberinto Español, La faz de España o San Juan de la Cruz. Pasó el tiempo, cerca de dos años y medio, pero la idea no cayó en el olvido. Fue tras la creación del CESNA ( Centro de Documentación y Estudios de Sierra Nevada y la Alpujarra), una antigua escuela pública, restaurada en la localidad de Mecina Fondales, cuando la iniciativa comenzó a tomar forma. Disponíamos del lugar adecuado en un entorno privilegiado. Además, Gerald Brenan, «Don Geraldo» para los lugareños, pasó largos veranos de su vejez en el barrio de Fondales. De un modo ineludible, Brenan y la Alpujarra siempre estarán unidos.


Llenos de ilusión y con el calendario acechándonos, nos pusimos a elaborar un proyecto detallado. El primer paso fue contactar con los posibles ponentes. Todos aceptaron con entusiasmo, pues la obra de Brenan ha estado presente en la vida de todos ellos y le profesan profunda admiración. El segundo paso, buscar la financiación, iba a ser más complicado. Aquí fue donde los organizadores sufrimos diversos sinsabores y decepciones, que incluso nos hicieron dudar de la celebración de las jornadas, pues el tiempo apremiaba. Pero el Ayuntamiento de la Taha, con su alcalde, José Jesús García Aragón, y su técnico de cultura, Alberto Martín Quitantes, nos dieron razones de sobra para no caer en el desánimo. Su entusiasmo y dedicación absoluta han sido las principales causas de la celebración final de las jornadas. El ayuntamiento asumió la búsqueda de fondos y en apenas un par de meses consiguió cerrar tan espinoso apartado. Un auténtico milagro. En nuestro peregrinar por reuniones y encuentros descubrimos que el espectro de seguidores que sigue teniendo este escritor es amplio. Aparecieron apoyos incondicionales en lugares insospechados, como el del presidente de la Fundación Federico García Lorca, Manuel Fernández-Montesinos García, que nos recibió en Madrid y nos animó encarecidamente a seguir adelante con el proyecto. A todos los patrocinadores y colaboradores les estamos profundamente agradecidos.


Gerald Brenan es un hombre singular, de vida azarosa, y mejor escritor. Después de combatir en la Primera Guerra Mundial se fue a vivir a las montañas de la Alpujarra, al sur de Granada, en el pequeño pueblo de Yegen. Tras diversas incidencias abandona la Alpujarra y se acaba instalando en Churriana, donde es testigo de excepción de los primeros compases de la Guerra Civil. Años después volvió a España y localizó la tumba de Lorca, siguió las huellas de Góngora y destacó la figura de San Juan de la Cruz. Además, en su fascinante La faz de España fue capaz de satisfacer la curiosidad y ese deseo tan español de conocer qué piensan los extranjeros acerca de nosotros y de nuestro peculiar país, mostrándonos la España de la sequía y de los buscavidas empujados por el hambre en la España de Franco. Apreció la literatura española por su cercanía al pueblo, mostrando ese carácter popular en su recopilación y estudio de las coplas populares. De ese afecto surgió La copla popular española, trabajo que Brenan dejó inacabado y que de forma tan sabia concluyó Antonio José López. Movido por el férreo deseo de ser escritor, como muestran sus libros autobiográficos, Memoria personal y Una vida propia, Gerald Brenan es un aventurero romántico que afronta con firmeza los misterios de la vida y los avatares del destino. Con su estilo personal y entrañable conquistó al pueblo sobre el que tanto y tan bien había escrito. Sin embargo, quiero destacar una obra que por razones especiales atrae mi interés, ya que se publicó en el año de mi nacimiento, 1978. La tituló Pensamientos en una estación seca, y es su último libro publicado en vida; toma el título de unos versos del poema Gerontion, de T. S Eliot. Se trata de una sucesión de aforismos llenos de contradicciones que rezuman honestidad, donde el autor no intenta dogmatizar sino espolear nuestro pensamiento. En este escrito sintetiza toda su trayectoria intelectual y es indispensable para conocer la figura de Brenan en su totalidad, un librepensador que no se deja arrastrar y que se forja a sí mismo con una visión personal de lo que significa nuestro paso por este mundo.


Durante las jornadas se han presentado muchos aspectos del autor de Al Sur de Granada. Los conferenciantes han mostrado la imagen de un autodidacta que no fue a la universidad y se formó intelectualmente leyendo libros en Yegen, un lugar perdido lejos de la muy clasista sociedad inglesa de su tiempo. Viajero incansable, descubrió al mundo la existencia de la Alpujarra, y aunque numerosos viajeros habían transitado por ella con anterioridad, él fue pionero en la idea de quedarse a vivir. Gerald Brenan fue un hombre formado por muchos hombres diferentes que aparecieron a lo largo de su vida, como nos muestra su extensa biografía escrita por Jonathan Gathorne-Hardy, El castillo interior, obra imprescindible y que tan escasa difusión ha tenido.


El gran éxito de las jornadas es el vínculo creado entre organizadores y participantes. Más aún, han demostrado que la obra y el espíritu de Brenan siguen vigentes, y que todavía quedan muchos aspectos por tratar, lo cual refuerza nuestra idea de dar continuidad a este evento en años posteriores.


Gerald tiene un significado profundo para mí no solo por su obra literaria. Durante este encuentro dedicado a estudiar su vida y obra vuelven recuerdos de la infancia. Estos, tras largos años dominados por las ansias vitales del adolescente, retornan para mostrar lo que he cambiado. Conviví con Gerald durante gran parte de mi niñez. Mi madre, Lynda Nicholson, fue su secretaria durante casi quince años y, después de su muerte, albacea literaria. Gerald no era muy amigo de los niños pequeños, tan revoltosos y activos; mi llegada al hogar le produjo sentimientos ambivalentes. Las arias cantadas a todo volumen mientras yo subía y bajaba las escaleras o correteaba por la casa de Alhaurín le sacaban de quicio. Pero había algo que sí le gustaba: mi curiosidad. Le gustaba mirar conmigo libros ilustrados sobre la naturaleza, especialmente uno sobre dinosaurios, y enseñarme las flores en el jardín. Cuando él leía a W. H Davies o a Shelley, también era un curioso que soñaba con ser vagabundo, un poeta lleno de sueños y ganas de conocer el mundo, de hacer viajes llenos de aventuras sin retorno, y en sus lecturas comenzó su viaje al sur.


Yo le veía como mi abuelo. No supe que era un escritor de tanto renombre hasta algunos años después de su muerte. Sirva esto como un homenaje y despedida «a mi manera». Hay muchas cosas que me gustaría preguntarle ahora y tantas conversaciones pendientes.


Copyright Carlos Pranger y el Legado Andalusí, 2007

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