12/2/12






Este libro está haciendo felices a muchas personas. La copla, la poesía popular vuelve a estar presente.
Se puede comprar en http://latienda.canalsur.es/product_info.php?products_id=75 o en tu librería habitual.




MÁLAGA, MEETING POINT


Parece connatural a muchos seres humanos la necesidad de ir en pos de lo desconocido, de lo diferente, de lo que no ofrece el lugar de origen. Una irrefrenable llamada interior los arrastra a la pasión por el viaje, al perpetuo nomadismo, a ver mundo, guiados sólo por el sueño utópico de perseguir el ideal de la Belleza, de dar con el paraíso perdido y, de paso, de encontrarse a sí mismos.
Málaga, meeting point habla de la importante presencia de artistas y escritores foráneos en la nombrada poéticamente Ciudad del Paraíso y en su franja marítima, conocida mundialmente como Costa del Sol. Y muestra de qué manera el hechizo de su clima, de su luz, de sus paisajes mediterráneos y de sus gentes, o el devenir de su historia, han dejado una huella indeleble en la obra de esos ilustres visitantes o residentes venidos de los rincones más insospechados del planeta en la creencia de que en esta zona del litoral andaluz habrían de ver cumplido aquel sueño inalcanzable.
Málaga, como el resto de Andalucía, lleva en sus genes desde su fundación fenicia una mescolanza de sangres, civilizaciones y culturas, lo que la convierte en la época moderna en terreno abonado para ser, una vez más, fértil punto de encuentro de muy variopintos aventureros, viajeros o turistas, algunos de los cuales cristalizan ese intercambio cultural en libros de viaje, reportajes, memorias, diarios, novelas, poemas, canciones, pinturas, construcciones, películas… con mirada extranjera.
Desde que en el s. xix los viajeros románticos del frío norte europeo pusieran sus ojos en la herencia clásica de Italia o Grecia y en el paisaje virgen y exótico de la arabizada España, han sido numerosísimos los artistas y escritores que recalaron en Málaga y/o la evocaron en sus obras: Theofile Gautier, Richard Ford, Hans Christian Andersen, J.-Charles Davillier, Gustave Doré, Rubén Darío, Rainer María Rilke, los poetas de la Generación del 27, Buster Keaton, Salvador Dalí y Gala Eluard, la colonia angloparlante en la Málaga en guerra (Gerald Brenan, Gamel Woolsey, Sir Peter Chalmers-Mitchell, Marjorie Grice-Hutchinson), Norman Bethune, César Vallejo, Pablo Neruda, Arthur Koestler, George Orwell, Bertold Brecht, Ernst Hemingway, Orson Welles, Paul y Jane Bowles, Jean Cocteau, Maureen O´Hara, Elizabeth Taylor, Frank Sinatra, Brigitte Bardot, Deborah Kerr, Peter Viertel, Sean Connery, algunos Beatles y Rolling Stones… Interminable lista que, gracias a la colaboración de un gran elenco de especialistas en la materia (historiadores, hispanistas, escritores, periodistas, críticos, arquitectos), tienen su punto de encuentro en estas páginas, dando una respuesta sugestiva a aquella pregunta de José Bergamín en la Litoral de los años 20: ¿Málaga existe?

El sol da su brillo a la imaginación malagueña, su fuerza a la fecundidad malagueña
y su singular encanto a la hembra malagueña.
Rubén Darío

Málaga nos mira por el ojo egipcio de sus jábegas
Jean Cocteau

En ninguna parte de España me sentí tan feliz y tan en casa como en Málaga. Las costumbres de sus gentes, su temperamento, el ancho mar, todo ello, tan necesario y rico para mí, lo encontré allí. Y es más, encontre algo todavía más importante: gente amable y comprensiva.
Hans christian Andersen

Junto al agua negra.
Olor de mar y jazmines.
Noche malagueña.
Antonio Machado

Quien no pueda escribir aquí
no podrá escribir en ninguna parte.
Ernest Hemingway


20/1/10

EL ARMARIO

RECUERDOS INÉDITOS


Recuerdo a don Gerardo sentado en un sillón entre el humo de tabaco negro. No me dio tiempo a crecer para descubrir al escritor. Ahora desde la distancia que otorgan los años es cuando realmente estoy empezando a conocerlo, a través de las palabras, las de otros y las suyas propias, de las que en cierta manera me siento depositario.
A los dieciséis años abrí por primera vez un ejemplar de El laberinto español, y entre la maraña de nombres, hechos y siglas, comencé a interesarme por la compleja historia de España. Luego vinieron Al sur de Granada y La faz de España, que me descubrió la grandeza de Lorca, y me llenó de rabia por su muerte injusta, víctima de la zafiedad intelectual de los autoritarismos. Continué leyendo La historia de la literatura española, San Juan de la Cruz, y sus sendos volúmenes autobiográficos: Una vida propia y Memoria Personal.
Sin embargo me faltaba algo. Desde siempre hubo en la planta baja de mi casa un armario lleno de documentos prohibidos para los niños. Eran los papeles que Brenan había legado a mi familia, lo poco que sobrevivió a su afición a la quema de documentos personales y a sus donaciones al Centro de Estudios Literarios Harry Ransom (Texas). Tras el pertinente permiso materno, me zambullí de lleno en los escritos inéditos de Gerald Brenan. Después de leer cartas, cuadernos de notas y obras inéditas; tras ver cientos de fotos de Gerald, de su familia y amigos, retornaron recuerdos de infancias perdidas, además de ganas de saber más de aquel anciano que hacía las veces de abuelo cascarrabias y su particular universo. Y comenzó a rondarme la idea de publicar parte de esos manuscritos. Fueron años de trabajo en la sombra, de búsqueda infructuosa de editor. Finalmente hace unos ocho meses se cruzó en mi camino Antonio García Maldonado, alma y fundador de la editorial malagueña Alfama. De repente todo comenzó a encajar, y en un par de reuniones delimitamos, con gran entusiasmo, el proyecto editorial que contribuirá a recuperar el legado inédito de Gerald Brenan, y que debería devolver al autor inglés al lugar que le corresponde en las letras del siglo xx.
El Señor del castillo y Él. Secuencia de pensamientos autobiográficos, primer extracto del legado inédito de Brenan, son dos escritos extraños y complejos, diferentes por completo a los grandes clásicos como Al sur de Granada o El laberinto español. No obstante, estos dos textos unidos por primera vez en solo volumen, son indispensables para conocer al autor y a la persona que se esconde detrás. Descubren a un escritor nuevo que renace a través de la palabra.
Escrito durante un estado febril, El señor del castillo es sin lugar a dudas un trasunto simbólico de las difíciles relaciones que mantuvo Brenan con su padre, con el hombre que nunca quiso que fuese poeta. Es más, esta obra de teatro, alegórica e irrepresentable, influenciada por las lecturas de William Blake, y puede que por La vida es sueño de Calderón, está llena de representaciones de su infancia. El propio Brenan escribió que «el pasado dicta el futuro, el futuro regresa e invade el pasado, ambos son partes integrales de una personalidad».
Los escritores tarde o temprano siempre recurren a la infancia. Brenan tuvo una madre que le enseñó a leer y a imaginar. Era un niño soñador que se dejaba llevar por fantasías llenas de épicos trayectos por ríos, montañas y valles secretos, huyendo de tigres y peleando contra todo tipo de animales. Además dibujaba islas, paraísos a los que escaparse, como si estuviera siguiendo la filosofía de Gauguin: «encontrar la felicidad huyendo a un remoto lugar». Por ejemplo, para describir el pueblo de Yegen lo hace como «una isla envuelta en turbulentos océanos de aire», y también llamaba «isla» a su casa de Churriana.
Aparte de El señor, creí conveniente publicar en el mismo volumen un texto tardío: Él. Secuencia de pensamientos autobiográficos, puesto que supusieron el comienzo y el final de un ciclo literario. Pero lo realmente interesante es que esta serie de aforismos también remiten a la infancia de Brenan. Aquí vuelve a ser importante la madre y sus cuentos inventados. Brenan interiorizó tanto este juego que estuvo mucho tiempo contándose cuentos a sí mismo en tercera persona. Curiosamente igual que en Él. Secuencia de pensamientos autobiográficos, donde él mismo se describe en tercera persona. Al final de su vida, el Brenan escritor vuelve a regurgitar su infancia.
En El señor del castillo y Él. Secuencia de pensamientos autobiográficos, Brenan se tumba en el diván del psicoanalista y realiza un meritorio ejercicio socrático de conocimiento sobre uno mismo. Son las notas de un «voyeur» que describe al observador que narró la historia de España, o la vida de un pequeño pueblo perdido en la Alpujarra, observando desde la mira de una cerradura con la objetividad que se le otorga al espectador.

MALAGA HACE NOVENTA AÑOS

Este año se conmemoran noventa años desde que Gerald Brenan visitara por primera vez la ciudad de Málaga. Sin embargo, Málaga ya era un lugar que Brenan conocía a través de la imaginación. Cuando apenas tenía diez años, escuchó la palabra Málaga de boca de su madre y su abuela que acababan de volver de realizar un viaje por Andalucía. Trajeron todo tipo de recuerdos, fotografías y turrón para el pequeño Gerald.
El turrón, una única foto de Málaga, el castillo de Gibralfaro, y las historias que le contaron su madre y su abuela sobre la ciudad; gitanas con canastos de flores que deambulaban por las calles, los pescadores del río Guadalmedina, los paseos en Calesa. Una vez más el sueño oriental había tomado la imaginación del niño Brenan. Desde aquel momento juró que algún día visitaría Málaga.
Unos catorce años después, después de haber combatido en la Primera Guerra Mundial, Brenan decide marcharse a vivir en España. Con sus libros y una pequeña paga del Gobierno, siguiendo los preceptos del misticismo y de los poetas simbolistas franceses como Rimbaud, decide romper con su pasado, con todas las tradiciones familiares. Se instala en Yegen, un pueblo en la Alpujarra granadina, al sur de Granada. Al poco decide visitar la ciudad que estuvo presente en su imaginación, cuando tenía diez años y su madre le relataba los paseos en calesa por la orilla del río, y encima, presidiendo toda la ciudad, la fortaleza de Gibralfaro. Brenan piensa que Málaga será ese lugar de luz y color que le hará olvidar las penumbras y el barro de las trincheras.
Siempre solía viajar a pie por los caminos de Andalucía. Bordeó toda la costa desde Adra hasta Vélez. Al llegar a Málaga le esperaban dos sorpresas. La primera, una carta de su padre que le informaba de la presencia en Málaga de un amigo de la familia, un conocido esnob y clasista inglés; la segunda, el dinero que había pedido a su banco se iba a retrasar por lo menos dos semanas. En su bolsillo sólo le quedaban algunas monedas. Brenan iba a conocer el hambre, el hambre por las calles de Málaga. ¿Le importó? Parece ser que no, lo que más le importaba era no cruzarse con el amigo de su padre, un clasista esnob, que no aprobaría el atuendo de Brenan: sombrero cordobés y pantalones de pana.
Quince días estuvo Brenan deambulando por las calles de Málaga, sin apenas comer, sólo un café y un trozo de pan al día. Recordaba el turrón que le había traído su madre, su textura y dolor; el rumor de las hojas de las palmeras al viento se convertí en el crepitar de uno buenos huevos fritos en aceite. Aún así, lo que más le preocupaba era no encontrarse con el amigo de su padre, que representaba todo lo que Brenan más denostaba, todo lo que había dejado atrás.
No es fácil engañar al estómago cuando tienes tiempo, todo el tiempo del mundo, y Brenan disponía de dos semanas. Le distraía algo el rumor de las olas de la playa de Huelin, donde vivían los pescadores de Málaga, los pobres pescadores en sus casuchas míseras. Pasaba muchos días en la playa de Huelin Gerald Brenan mirando el mar y escuchando su rumor, y mirando a los pescadores salir a pescar, escuchándolos cantar. Sentía las dentelladas desgarradoras de la melancolía y la acidez corrosiva de un estómago vacío, pero no parecía desesperado, la melancolía es un estado natural para un joven que aspiraba a ser poeta, que quería aprender a ser poeta en España. Y qué mejor que leer poesía para aprender a ser poeta, y Brenan leía a Garcilaso de la Vega, sólo y hambriento en la playa de Huelín. Tú, que en la patria entre quien bien te quiere/ la deleitosa playa estás mirando/ y oyendo el son de mar que en ella muere. Allí estaba el joven poeta Brenan, o aprendiz de poeta, en soledad frente al mar, hambriento, pero reconfortado por la poesía, que ya le ayudó a superar la Primera Guerra Mundial, ahora le ayudaba en la hambruna de Málaga.

1/7/09

Revista literaria digital

LA ALARGADA SOMBRA DE GERALD BRENAN por Carlos Pranger / Con la publicación de El señor del castillo y su prisionero junto a Él. Secuencia de pensamientos autobiográficos (ed. Alfama, 2009) se ha colocado la piedra angular del proyecto encaminado a la recuperación de parte del legado inédito del escritor inglés Gerald Brenan. Han sido muchos años de trabajo, dedicación y de bregar con manuscritos inteligibles. No obstante, la satisfacción que implica el conseguir aportar nuevos aspectos que arrojen algo más de luz sobre la vida y obra de un escritor como Gerald Brenan no tiene precio. El dirigir este sugestivo proyecto editorial, me permite reflexionar sobre... (seguir leyendo) en

www.casadelosmalfenti.com

26/6/09

://www.rtve.es/resources/TE_SELPOST/mp3/1/5/1245926291451.mp3

Mi gran amigo Miguel en Radio 3

12/6/09

RECUERDOS INEDITOS





Recuerdo a don Gerardo sentado en un sillón entre el humo de tabaco negro. No me dio tiempo a crecer para descubrir al escritor. Ahora desde la distancia que otorgan los años es cuando realmente estoy empezando a conocerlo, a través de las palabras, las de otros y las suyas propias, de las que en cierta manera me siento depositario.
A los dieciséis años abrí por primera vez un ejemplar de El laberinto español, y entre la maraña de nombres, hechos y siglas, comencé a interesarme por la compleja historia de España. Luego vinieron Al sur de Granada y La faz de España, que me descubrió la grandeza de Lorca, y me llenó de rabia por su muerte injusta, víctima de la zafiedad intelectual de los autoritarismos. Continué leyendo La historia de la literatura española, San Juan de la Cruz, y sus sendos volúmenes autobiográficos: Una vida propia y Memoria Personal.
Sin embargo me faltaba algo. Desde siempre hubo en la planta baja de mi casa un armario lleno de documentos prohibidos para los niños. Eran los papeles que Brenan había legado a mi familia, lo poco que sobrevivió a su afición a la quema de documentos personales y a sus donaciones al Centro de Estudios Literarios Harry Ransom (Texas). Tras el pertinente permiso materno, me zambullí de lleno en los escritos inéditos de Gerald Brenan. Después de leer cartas, cuadernos de notas y obras inéditas; tras ver cientos de fotos de Gerald, de su familia y amigos, retornaron recuerdos de infancias perdidas, además de ganas de saber más de aquel anciano que hacía las veces de abuelo cascarrabias y su particular universo. Y comenzó a rondarme la idea de publicar parte de esos manuscritos. Fueron años de trabajo en la sombra, de búsqueda infructuosa de editor. Finalmente hace unos ocho meses se cruzó en mi camino Antonio García Maldonado, alma y fundador de la editorial malagueña Alfama. De repente todo comenzó a encajar, y en un par de reuniones delimitamos, con gran entusiasmo, el proyecto editorial que contribuirá a recuperar el legado inédito de Gerald Brenan, y que debería devolver al autor inglés al lugar que le corresponde en las letras del siglo xx.
El Señor del castillo y Él. Secuencia de pensamientos autobiográficos, primer extracto del legado inédito de Brenan, son dos escritos extraños y complejos, diferentes por completo a los grandes clásicos como Al sur de Granada o El laberinto español. No obstante, estos dos textos unidos por primera vez en solo volumen, son indispensables para conocer al autor y a la persona que se esconde detrás. Descubren a un escritor nuevo que renace a través de la palabra.
Escrito durante un estado febril, El señor del castillo es sin lugar a dudas un trasunto simbólico de las difíciles relaciones que mantuvo Brenan con su padre, con el hombre que nunca quiso que fuese poeta. Es más, esta obra de teatro, alegórica e irrepresentable, influenciada por las lecturas de William Blake, y puede que por La vida es sueño de Calderón, está llena de representaciones de su infancia. El propio Brenan escribió que «el pasado dicta el futuro, el futuro regresa e invade el pasado, ambos son partes integrales de una personalidad».
Los escritores tarde o temprano siempre recurren a la infancia. Brenan tuvo una madre que le enseñó a leer y a imaginar. Era un niño soñador que se dejaba llevar por fantasías llenas de épicos trayectos por ríos, montañas y valles secretos, huyendo de tigres y peleando contra todo tipo de animales. Además dibujaba islas, paraísos a los que escaparse, como si estuviera siguiendo la filosofía de Gauguin: «encontrar la felicidad huyendo a un remoto lugar». Por ejemplo, para describir el pueblo de Yegen lo hace como «una isla envuelta en turbulentos océanos de aire», y también llamaba «isla» a su casa de Churriana.
Aparte de El señor, creí conveniente publicar en el mismo volumen un texto tardío: Él. Secuencia de pensamientos autobiográficos, puesto que supusieron el comienzo y el final de un ciclo literario. Pero lo realmente interesante es que esta serie de aforismos también remiten a la infancia de Brenan. Aquí vuelve a ser importante la madre y sus cuentos inventados. Brenan interiorizó tanto este juego que estuvo mucho tiempo contándose cuentos a sí mismo en tercera persona. Curiosamente igual que en Él. Secuencia de pensamientos autobiográficos, donde él mismo se describe en tercera persona. Al final de su vida, el Brenan escritor vuelve a regurgitar su infancia.
En El señor del castillo y Él. Secuencia de pensamientos autobiográficos, Brenan se tumba en el diván del psicoanalista y realiza un meritorio ejercicio socrático de conocimiento sobre uno mismo. Son las notas de un «voyeur» que describe al observador que narró la historia de España, o la vida de un pequeño pueblo perdido en la Alpujarra, observando desde la mira de una cerradura con la objetividad que se le otorga al espectador.


Publicado en La Opinión de Málaga 06/06/2009

30/5/09

VERSIONES EN EL PAÍS SOBRE EL REGRESO DE BRENAN

El regreso de Brenan
JAVIER TORRES VELA 22/02/2003

El reciente estreno de Al sur de Granada ha dado lugar a una catarata de artículos y reportajes sobre Brenan. Uno de ellos ha sido el de Jonathan Gathorne-Hardy, publicado en El País Semanal el pasado 5 de enero, en el que se narran un gran número de momentos de la vida del autor de El laberinto español. Uno de ellos, el regreso de Brenan a Alhaurín en 1984, me ha recordado mi participación en ese hecho, que recuerdo de forma profundamente distinta a como la cuenta el biógrafo británico, que viene a decir que Brenan fue prácticamente secuestrado de una residencia de ancianos de Londres para traerlo a Andalucía. Dado que tuve ocasión de vivir directamente estos acontecimientos, quiero contar, siquiera brevemente, mi visión.

Mi intervención en el regreso de Brenan comienza una mañana de verano de 1984 cuando en mi despacho de consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Mateo Revilla, mi viceconsejero, me comenta que el corresponsal de EL PAÍS en Granada, Eduardo Castro, le ha llamado para decirle que ha sabido, por unos amigos ingleses de Brenan, que el hispanista estaba ingresado en una residencia de ancianos en Londres, donde se quejaba continuamente de su situación manifestando que lo único que deseaba era huir del perpetuo cielo nublado y regresar a su casa de Alhaurín.

Todos los que íbamos sabiendo esta situación de abandono de Brenan coincidíamos en que los jóvenes y democráticos poderes públicos de Andalucía debíamos reaccionar, pues nuestra deuda con don Geraldo era inmensa. No en balde, Al sur de Granada y El laberinto español son, entre otros, libros esenciales para conocer la historia de Andalucía en el siglo XX. Lógicamente, la forma de actuar no podía ser otra más que la de respetar al máximo su voluntad y la de su familia. Para conocer de viva voz su voluntad, nos trasladamos a Londres el alcalde de Alhaurín, Francisco Jiménez Díaz; su concejal de Cultura, Cristóbal González; el periodista Eduardo Castro, Lars Pranger (marido de Lynda, la "sobrina" de Brenan) y yo mismo.

En Londres tuvimos una agradable conversación con don Geraldo, que me pareció que conservaba su lucidez de siempre a pesar de tratarse de una persona de 90 años, y en la que me confirmó hasta tres veces su deseo de volver a su casa de Alhaurín "mejor mañana que dentro de una semana". Manifesté la voluntad de la Junta de Andalucía de contribuir a hacer posible su regreso. La familia puso a nuestra disposición la casa de Alhaurín a condición de que la Junta de Andalucía asumiera la responsabilidad de sus cuidados. Con esta decisión tomada, Eduardo Castro, Lars Pranger y yo regresamos a Andalucía. El alcalde y el concejal de Alhaurín permanecieron en Londres para subsanar algunos trámites necesarios para su regreso y acompañar a Brenan en su retorno, que se produjo unos días después. Para nada nos habló -como dice Gathorne-Hardy- de su deseo de viajar a China.

Todo esto quedó perfectamente reflejado en la prensa de entonces. El autor debería haber recurrido, para documentarse, a los artículos que escribió Soledad Gallego-Díaz, corresponsal en ese momento de EL PAÍS en Londres, y no cometer así el error de crear sombras sobre una relación generosa entre Andalucía y una persona a la que creíamos que debíamos algo. El Gobierno andaluz asumió su compromiso de garantizar un mínimo de comodidad a la estancia de Brenan, para lo que creó una fundación con el fin de que don Geraldo estuviera perfectamente asistido hasta el final de sus días y a la que el hispanista aportó sus libros, cartas y enseres como fondos. Quisiera, eso sí, volver a agradecer al embajador de España en Londres, José Joaquín Puig de la Bellacasa; al Ayuntamiento de Alhaurín, y a la propia familia las facilidades que me ofrecieron para poder llevar a cabo la indudable voluntad de Gerald Brenan de volver a Andalucía. Dejemos en paz la hermosa relación de amor entre Brenan y nuestra tierra.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/regreso/Brenan/elpepicul/20030222elpepicul_2/Tes



El regreso de Brenan.
Jonathan Gathorne-Hardy, Autor de Gerald Brenan. El castillo interior. Biografía 08/03/2003

Me gustaría comentar el artículo de Javier Torres Vela titulado El regreso de Brenan sobre el retorno de Gerald Brenan a España en 1984 y que EL PAÍS publicó en las páginas de Cultura el pasado 22 de febrero de 2003.
Es una verdadera lástima que el señor Torres Vela no haya podido leer mi biografía de Brenan (El castillo interior), ya que, con excepción de algunos detalles que él no podía conocer, mi explicación de los hechos coincide con la suya. No obstante, al releer mi artículo sobre Brenan publicado en El País Semanal (5 de enero de 2003) y al que respondía Torres Vela, veo que hay dos cosas que podían dar la impresión de que Gerald Brenan fue devuelto a España en contra de su voluntad. Mencionaba en mi artículo que en un principio era imposible saber con exactitud lo que quería Brenan, ya que expresaba sentimientos contradictorios -quedarse en Inglaterra, regresar a España-. Ahora me doy cuenta de que tendría que haber especificado, como sí hice en el libro, que al cabo de unas semanas quedó claro que quería regresar. No añadí esta información en el artículo porque no se me ocurrió que alguien pudiera dudarlo.
Este malentendido se acentuó debido a la traducción imprecisa de mi inglés. En la traducción española se entiende, al parecer, que Gerald Brenan quería ir a China (y no a España), cuando lo que yo escribí es que él creía que era allí adonde lo llevaban. Lo sé porque él mismo me lo dijo. Y parecía muy contento. Durante esas semanas vi a Gerald bastante a menudo (y por tanto no me hacía falta leer, aunque lo hice, las crónicas periodísticas que Torres Vela me señala). Gerald solía estar más confundido de lo que Torres Vela cree. Por ejemplo, cuando lo llevaron de la residencia de ancianos de Pinner al Club Español en Connaught Square, pensaba que había viajado hasta Sevilla.
El segundo aspecto que me gustaría matizar es mi relato de este viaje al Club Español. Utilicé la palabra kidnap (secuestrar). Esta palabra es exagerada -a pesar de que ésta fue la impresión que tuvieron las personas que se vieron involucradas-. Las circunstancias de este episodio, que Torres Vela no podía conocer, fueron extremadamente confusas. En resumidas cuentas, lo que sucedió fue que los dos señores de Alhaurín el Grande, el alcalde, Francisco Jiménez Díaz, y Cristóbal González, que iban a encargarse de devolver a Gerald a su casa, de repente decidieron que Gerald estaba siendo convencido para cambiar su testamento, por lo que Alhaurín el Grande hubiera perdido la biblioteca. (Esto de ninguna manera fue una invención por su parte. Se estaban dando una serie de pasos ridículos en esa dirección, aunque los detalles de aquello son demasiado complicados para tratar aquí). Francisco Jiménez y Cristóbal González decidieron, comprensiblemente, que tenían que llevarse a Gerald a territorio español lo antes posible, y que lo llevarían al Club Español. Se presentaron por sorpresa dos días antes de lo previsto en la residencia de ancianos, metieron a Gerald en un taxi y lo trasladaron apresuradamente a la otra punta de Londres.
Torres Vela termina su artículo pidiendo que se deje en paz "la hermosa relación de amor entre Brenan y nuestra tierra". Sí. Y por eso mismo, déjeme terminar citando el comentario sobre este incidente que incluí en mi libro: "El gesto que hicieron los españoles fue de una generosidad tan maravillosa y tan espontánea, y sus sucesivos movimientos se llevaron a cabo con tal eficacia, con tal amabilidad, sin perder de vista lo más inmediato, lo más práctico, que aún a día de hoy resultan motivo de simpatía".

http://www.elpais.com/articulo/opinion/regreso/Brenan/elpepiopi/20030308elpepiopi_4/Tes

El regreso de Brenan, 3
Miguel Martínez-Lage (Traductor de El castillo interior (El Aleph Editores)) - Pamplona - 13/03/2003


Dice el 8 de marzo de 2003 J. Gathorne-Hardy, autor de la magna biografía de Gerald Brenan titulada El castillo interior, que he tenido el placer de traducir, placer que mis sudores me ha costado, que el malentendido al que responde con delicadeza y exactitud, base de otro artículo anterior de Javier Torres Vela, "se acentuó debido a la traducción imprecisa de mi inglés". Y termina Gathorne-Hardy recalcando su visión de los hechos, en esencia concordante con la de Torres Vela, citando verbatim una frase de su libro en mi traducción.
En aras de una mayor claridad, quisiera dejar constancia de que esa "traducción imprecisa", según la cual hay quien deduce que Brenan creyó que lo llevaban a China cuando se lo trajeron a Málaga, es la del artículo que publicó El País Semanal el pasado 5 de enero, donde el autor de la magna biografía de Brenan condensaba algunos episodios en muy pocas líneas. En El castillo interior están recogidos los hechos de manera juiciosa, documentada y veraz.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/regreso/Brenan/elpepiopi/20030313elpepiopi_5/Tes

24/5/09

ARTÍCULO DE ALFREDO AMESTOY

Domingo, 21 de enero de 2000 - Número 275

DESPEDIDA | EL GRAN HISPANISTA

Don Geraldo, uno de los nuestros
EL PERIODISTA Alfredo Amestoy, que convivió muchas jornadas con Gerald Brenan, traza el epitafio del hispanista más grande, cuya última voluntad ha sido incumplida: su cadáver no ha sido utilizado en prácticas de Anatomía

ALFREDO AMESTOY
Quizás la última imagen del cadáver de Brenan, fotografiado el jueves por la noche horas antes de ser incinerado.
Ayer, al atardecer, con la inhumación de las cenizas de Gerald Brenan en el cementerio inglés de Málaga, se ha producido un acto de xenofilia. La tierra española, traída de los pueblos andaluces donde vivió el genial hispanista, mezclada con la del suelo británico donde van a reposar sus restos, es la expresión más gráfica de la identificación tan grande a que puede llegar una persona y un país extraño, ajeno, y mucho, al suyo. Un país al que llegó para mejorar su formación intelectual, para empaparse de conocimiento.
En presencia de su nieto Stephane, hijo de Miranda, la niña nacida en Granada en 1931, fruto de su relación con una muchacha alpujarreña, y a medio metro de donde descansan desde 1968 los restos de su esposa legítima, la americana Gamel Woolsey, se cumplía el deseo de Brenan de ser enterrado en España, la tierra que tanto amó Y tan acertadamente diseccionó.
Reducido tras la incineración de su cadáver a los tres kilos con que nació hace 107 años en la base naval británica de Sliema, en la isla mediterránea de Malta, Brenan, el hispanista inglés más célebre de todos los tiempos, según el también hispanista Ian Gibson, terminaba su larga vida y su «larga muerte».
Larga ya que a su extensa e intensa biografía de 93 años hay que añadir su tanatografía de 14 años más, el tiempo en que su cuerpo ha permanecido conservado en una tina de formol, agua y glicerina, tras el proceso de inyección por carótida de 12 litros de líquido al que le sometió el Doctor Smith Agreda, poco después de fallecer el escritor en Alhaurín el Grande el 19 de enero de 1987.
Ha querido el azar que sea nieto de ingleses este aragonés, catedrático de Anatomía en la Facultad de Medicina de Málaga. El profesor Smith, que fue quien atendió personalmente a Brenan cuando se presentó en la Facultad para firmar la donación de su cuerpo a la ciencia, ha logrado una conservación tan perfecta que la máscara funeraria que ha obtenido de su rostro el escultor cordobés Antonio Bautista Durán, hace dos meses, parece que se hubiese realizado a los pocos minutos de fallecer el retratado.
Produce igual impresión la prodigiosa réplica de la mano derecha del escritor, la artífice material de medio centenar de libros, de millares de páginas de su diario y de millones de palabras que componen su correspondencia. Solamente las cartas de amor que dirigió a Dora Carrington y que se guardan en la Universidad de Texas (Estados Unidos), suman alrededor de 400.000 palabras.
¡No se quejarán los estudiosos de la obra del hispanista inglés de la calidad ni de la cantidad de los textos que nos ha dejado! Generoso en vida y también pródigo en su muerte. Nadie como Brenan ha sido capaz de donar a sus lectores algo tan íntimo como la correspondecia con Dora. Cartas donde se ve al hombre y sus pasiones: <<En un principio esperaba, ¿sabes?, convertir mis sentimientos hacia ti en algo más tranquilo y apacible. Había imaginado una especie de amor platónico. Si no pensara así no debería haber ido a la región de los Lagos para verte. Pero era un espejismo, como lo comprendí casi desde la primera noche, porque cuando estás conmigo todo lo demás se me va de la cabeza y soy como una persona que se ahoga sin oponer resistencia>>.
De su corazón a su cabeza. Investigar en el cerebro de Brenan, ya que el profesor Smith renunció pronto a utilizar su cadáver en prácticas de disección, ha sido una tentación del catedrático de Anatomía. Pero, sospecho, que también en este aspecto ha primado el respeto que sin duda inspira y merece Brenan.
José María Smith no quiere presumir de conciencia escrupulosa o de gran sensibilidad cuando explica por qué no ha hecho uso del legado que le hizo Brenan de su cuerpo.
«Dejé pasar el tiempo a la espera de que se olvidara, en todos los ámbitos, incluida la Facultad de Medicina, que disponíamos del cadáver de Gerald Brenan. Pero no ha sido así y confieso que la expectación porque llegara el día de tener el cuerpo del autor de El Laberinto Español en la mesa de disección desaconsejaba esa experiencia. No era ni docente ni decente».
Así lo ha entendido todo el mundo que ha agradecido no favorecer la curiosidad morbosa que despertó la presencia del cadáver de Brenan en los sótanos de la Facultad. Un fotógrafo (que luego ha debido comparecer en los tribunales por su sacrílega acción) rompió una ventana para acceder a la cámara donde permanecía el cuerpo de Brenan, convertido en materia tan noticiosa como el también inglés, también en flotación y también conflictivo submarino «Tireless».
Otra razón poderosa para no utilizar el cuerpo de Gerald Brenan en la mesa de disección ha sido la abundancia de cadáveres con que cuenta la Facultad de Medicina de Málaga que disfruta de las donaciones, cada día más frecuentes, de los también cada vez más frecuentes residentes extranjeros en la Costa del Sol, menos escrupulosos que los españoles en eso de reposar en paz a la espera de la otra vida.

CADÁVER INTOCABLE
«Estos ancianos», explica el doctor Smith, «son generosos no sólo con la Universidad sino con sus herederos, a los que liberan así de los cuantiosos gastos que supone el traslado de los restos a sus países y el enterramiento o la incineración...».
Cierto, y cierto también al parecer que para las prácticas de Anatomía, no importa la «edad del cadáver». Según el profesor Smith, «envejecemos mucho más por fuera que por dentro».
A pesar de lo declarado por el responsable de la cátedra de Anatomía a finales del año pasado: «Quizás se le puedan extraer muestras del sistema nervioso central, ya que (Brenan) es un hombre que vivió bastante tiempo y parece que le funcionaban bien las neuronas», el profesor Smith puede ser que no lo haya hecho. A nuestras preguntas concretas sobre el particular respondió con evasivas. Sólo él lo sabe. De cualquier modo, quedará constancia y testimonio del ejemplar gesto de Gerald Brenan al donar su cuerpo, ya que su nombre, su efigie, su firma y sus datos biográficos campean junto a la sentencia en latín Hic locus est ubi mors vitam docet («Este es el lugar donde la muerte enseña vida») y la leyenda «Profesores y alumnos agradecidos a todos los que donan su cuerpo para la docencia e investigación». Universidad de Málaga. Facultad de Medicina.
Creemos que se ha cumplido con creces la voluntad de Gerald Brenan. Y con la ceremonia de descubrimiento de esta placa en la Facultad de Medicina, la incineración del cadáver y la inhumación de las cenizas, ayer se dio satisfacción al hispanista, a su familia y a sus amigos y admiradores: está enterrado en un cementerio inglés, pero abrigado por la tierra de los lugares de España que más amó. Junto a la sepultura de Gamel, su esposa, que si no fue la mujer que más amó, (ésta sin duda fue Dora Carrington, tortuosa relación con la mujer de uno de sus mejores amigos), fue «la mujer de su vida». Y si el propio Brenan escogió para su epitafio el primer verso de la canción de Cimbelino «No temas ya el calor del sol», su continuación, el segundo verso, que dice «...Ni las cóleras furiosas del invierno», podría ser el epitafio que figurase en la lápida de Brenan.

http://www.elmundo.es/cronica/2001/CR275/CR275-12.html



Brenan, memoria personal de España

Con la aparición de El señor del castillo -la primera de una serie de obras inéditas que publicará la editorial Alfama-, el hispanista Gerald Brenan vuelve a estar de actualidad. Pasados ya 22 años desde su muerte, cabe preguntarse por la vigencia de su obra y sobre la relación que mantuvo con España, lugar donde se forjó como escritor.


 

A Gerald Brenan puede considerársele como uno de los grandes exponentes de un género literario popularizado por los escritores románticos: especular sobre un país ajeno. Al escritor foráneo se le otorga un punto de vista más válido y objetivo, puesto que se asume que no está involucrado emocionalmente con el país sobre el que escribe. España ha sido uno de los epicentros inspiradores de esta corriente literaria. Los dos grandes ejemplos procedentes del Reino Unido son Richard Ford y George Borrow, y de Estados Unidos, Ernest Hemingway. Todos son interesantes, pero fueron meros observadores, presenciaron los acontecimientos desde la barrera.

Por el contrario, Brenan no se limitó a la mera observación, su acercamiento fue más arriesgado e intuitivo, y a juzgar por el respeto que se ganó entre los españoles, no del todo equivocado.

Sin embargo, esa relación tan especial con España comenzó años antes de pisar suelo español. "Cualquiera que se plantee como modo de vida el ideal de 'todo o nada', está siguiendo, sea o no consciente de ello, un camino que discurre paralelo al trazado por los santos". Estas palabras escritas por Gerald Brenan con apenas 18 años están recogidas en el primer volumen de su autobiografía, Una vida propia. Embebido por sus lecturas obsesivas de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, Brenan se había creado la imagen de un país, España, dentro de sí mismo, mucho antes de visitarlo.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Brenan/memoria/personal/Espana/elpepiopi/20090523elpepiopi_11/Tes